salud_cancerPor Ana Lilia Traconis

Si bien es cierto que en algún momento de su vida, un gran porcentaje de mujeres va a padecer quistes, adiposidades o fibromas, también es cierto que no son cáncer!

Los tumores son formaciones de células que se producen activamente. Pueden desarrollarse sobre cualquier tejido del organismo; si lo hacen de forma lenta, en un espacio fijo, sin invadir otros tejidos ni órganos importantes, son fáciles de controlar, suelen ser benignos y pueden extirparse sin mayores problemas. Sí, por el contrario, crecen rápidamente y se difunden incluso a partes del cuerpo alejadas (o lo que se llama metástasis), las posibilidades de que sean malignos son altísimas.
La causa exacta que los produce aún no está clara, pero si se ha demostrado la existencia de factores que predisponen a sufrir tumores: determinadas sustancias químicas, radiaciones, lesiones crónicas repetidas frecuentemente en la misma zona, tabaco, algunos fármacos, tejidos atrofiados, malos hábitos dietéticos, y algunas hormonas como los estrógenos.

TENERLOS NO SIGNIFICA CANCER

Los tumores femeninos no ginecológicos en su mayoría son benignos y se curan (incluso los malignos tienen solución cuando se tratan a tiempo). Los más frecuentes se localizan en las mamas, el útero y los ovarios, aunque también pueden desarrollarse en la vagina y en la vulva.

Quistes, nunca son malos. Son bultos llenos de líquido, siempre benignos y con un tamaño que puede varias desde la uva, hasta el de un melón. Cuando salen en el pecho producen “fibrosis quística”, una enfermedad que padecen el 5 por ciento de las mujeres entre los 30 y los 50 años, causada normalmente por desequilibrios hormonales. Se diferencian del cáncer en que tiene formas curvas más regulares, salen en las dos mamas a la vez y cambian de tamaño (son más grandes los días antes de la regla y después se reducen). Pueden producir hinchazón del pecho, dolor y pequeñas tumefacciones. Si no son grandes se disuelven en un tratamiento farmacológico; si lo son, se extirpan quirúrgicamente. Los quistes también pueden desarrollarse en los ovarios, especialmente en los periodos de la menopausia. En general son pequeños, pero a veces pueden aumentar mucho de tamaño, produciendo dolores agudos y un abultamiento que se nota desde el exterior; en este caso hay que extirparlos quirúrgicamente.

Fibromas o mioma, siempre benignos. Son tumores formados por una cumulación de células de tejido conectivo, fibras musculares, tejido adiposo… que aparecen con más frecuencia en el útero. A pesar de poder alcanzar un gran tamaño, no producen dolor y son más incómodos que problemáticos. Su único síntoma son las hemorragias vaginales, los trastornos en la menstruación (atrasos, faltas o adelantos anormales) y los sangrados entre reglas. Detectados a tiempo se extirpan sin problemas, pero si se dejan crecer demasiado, pueden provocar abortos, partos prematuros, esterilidad, o degenerar en cáncer. Tienen más predisposición a padecerlos las mujeres sin hijos que han tenido el primer parto pasados los 35-40. como los quistes, si son pequeños se disuelven con medicinas y, si son grandes se extirpan con una sencilla operación.

LOS MALIGNOS TAMBIEN SE CURAN

cancer_mamaEl cáncer de mama. Aparece con mayor frecuencia en mujeres entre 40-60 años, que no han tenido hijos, que son obesas, que han sufrido una menopausia tardía y tienen antecedentes de cáncer familiares.
Suelen ser pequeños bultos, aislados, que parecen una sola mama. Su único tratamiento es la vasectomía (extirpar el pecho y, a veces, también los ganglios de la axila), aunque ya se está intentando extirpar sólo el tumor.

El cáncer del útero puede ser cervical (en el cuello) o de endometrio (en el interior). El primero es más corriente y fácil de detectar a tiempo, se produce en mujeres de 25-35 años, que han empezado las relaciones sexuales a temprana edad, que han tenido muchas parejas, que han sufrido enfermedades venéreas o que han tenido un hijo muy jóvenes. Su síntoma es el sangrado fuera de regla. Si se coge a tiempo, cuando aún no es muy grande, se extirpa, manteniendo el útero para que la mujer pueda seguir teniendo hijos.
Si ha crecido demasiado o está extendido, hay que extirpar el útero también y someterse luego a radiaciones (últimamente se está utilizando el rayo láser, con menos efectos secundarios). El cáncer de endometrio aparece más en mujeres mayores de 50 años, que no han tenido nunca relaciones sexuales ni hijos, que han padecido reglas irregulares o son diabéticas. Se anuncia con grandes hemorragias y su única solución es extirpar el útero y generalmente ovarios y trompas.

El cáncer de ovarios es el menos frecuente y el más difícil de diagnosticar, pues sus síntomas son muy equívocos (desarreglos menstruales, aumento del vello corporal, desaparición de la regla…). Se presenta con más frecuencia entre los 30-40 años y sólo produce dolor cuando está avanzadísimo. Se combate extirpando el ovario (en muchos casos es necesario extirpar los dos, y el útero).
En la mayoría de los casos los cánceres, femeninos tratados a buen tiempo, se curan del todo y no vuelven a producirse en ninguna parte del cuerpo. Durante los primeros cinco años, la mujer tiene que someterse a control médico periódico, aunque puede hacer su vida sin problemas. Pasado este tiempo, el control pasa a ser normal.

Como está comprobado, la prevención es la salvación. De manera que hay que “echar a su cuerpo un ojito a buen tiempo”.