Este verano, atrapa el sol de una manera diferente, con un criterio positivo, sabiendo hasta dónde se puede llegar…Pero si quieres que te resulte inolvidable, aplica todo lo que aquí aprendas acerca de tratamientos, productos y soluciones a tus problemas.
Otra Manera de Broncearse
Para enfrentarse al sol, hay que estar preparados. Antes de salir de vacaciones, hay que aprender una serie de “estrategias” para que tus días al sol resulten maravillosos y tu piel y tu salud ni se enteren de posibles consecuencias.
Prendas cortas y ligeras, colores vivos y radiantes: el verano está a la vuelta y sin duda quieres vivirlo luciendo ese tono bronceado que tanto te embellece y que hace que tu aspecto resulte más atractivo y seductor…y eso te motiva a que en ocasiones te precipites y te lances a tomar el son sin precauciones que, aunque todas conocemos, demasiado a menudo tendemos a olvidar…Seguro que has leído y oído cientos de veces que una exposición al sol sin el control y los cuidados necesarios, puede resultar peligrosa, no ya para la piel, sino incluso para el organismo. Y sin embargo, año tras año incurrimos en los mismos imperdonables errores que, a la larga, pueden producir daños irreparables en nuestra piel, acelerar el envejecimiento, el incuso, ya en un caso extremo, degenerar en un cáncer de piel. Dispones de toda la información necesaria y la ciencia cosmética pone a tu alcance todos los medios imaginables para convertir al sol en tu aliado y no en tu enemigo.¿No crees que la decisión más inteligente por tu parte será la de aprovechar tantas facilidades? El esfuerzo que debes hacer es mínimo, y los resultados para tu piel, sobre todo a la larga, serán espectaculares. Lo único que debes hacer es ayudar un poco al proceso de autoprotección que ya realiza la piel por sí misma, y gracias a la cual todos los castigos a que la han sometido errores e inconsciencias por nuestra parte no han desembocado aún en ningún daño irreparable.
El proceso de bronceado es un mecanismo natural de protección que elabora la piel contra los dañinos rayos del sol, rechazando los que son perjudiciales y recogiendo sólo los que le interesan. Este proceso recibe el nombre científico de melanogénesis.
La melalina es un pigmento natural de protección y constituye nuestra propia defensa. Se trata de incompuesto químico producido por las células especiales de la piel y tienen la propiedad rechazar algunos de los rayos solares. Es sintetizada por los melanocitos, que son unas células que se encuentran en la capa basal, la más profunda de la epidermis. La melanina se produce en el núcleo de estas células, que la van empujando hacia arriba hasta llegar a las capas más superficiales dando protección contra el sol y proporcionando ese color moreno que buscamos.
Según el tipo de piel, blanca u obscura, se produce más o menos melanina y, en consecuencia, más o menos bronceado.
Todo este proceso empieza a partir de la primera hora de exposición al sol, que es cuando los melanocitos comienzan su trabajo, pero es a las 72 horas cuando se consigue un auténtico bronceado. Antes, existe el riesgo de eritema o quemadura solar, si no has tomado las debidas precauciones.
Los rayos solares y su efecto
El sol emite una amplia gama de radiaciones electromagnéticas que se clasifican según su longitud de onda. De todas ellas las que más interesan son:
Los rayos ultravioleta: los UVC, los UVB y los UVA.
Los UVC son de longitud de onda corta y llegan a la tierra filtrados por la capas de ozono de la atmósfera. En estado puro se utilizan con unas lámparas especiales, para esterilizar, y eso puede darte una idea de la energía que contienen.
Los UVB son de onda media y ya sea en el mar o en la montaña, enrojecen la piel y producen eritema. Tomados en pequeñas dosis ayudan a la producción de la melanina y en consecuencia, broncean. Predominan entre las 11,30 y las 3, que son precisamente las horas que debemos evitar en nuestras primeras exposiciones al sol.
Los UVA tienen gran poder de penetración en la epidermis y por tanto son los bronceadores por excelencia. Su longitud de onda es más larga y están presentes todas las horas del día. Pueden provocar aparición de eritema, pero para ello sería necesario muchas horas de exposición. Se utilizan con fines terapéuticos y para el bronceado artificial con lámparas.
Los rayos visibles. Según su longitud de onda producen sobre el ojo una impresión distinta que es lo que da lugar a la apreciación visual de los colores. Su acción más importante es la estimulación de las terminaciones nerviosas de la retina. Se utilizan como fines terapéuticos para el sistema nervioso.
Los rayos infrarrojos. Atraviesan todas las capas atmosféricas y el aire sin apenas calentar, pero cuando son absorbidos por los tejidos se transforman en energía térmica que provoca la dilatación de los vasos sanguíneos originando un eritema que desaparece en menos de una hora sin dejar pigmentación alguna.
Existen una serie de circunstancias que modifican las intensidades de los rayos solares que hemos de tener en cuenta cuando tratamos el tema del bronceado.
Esta intensidad varía según la época del año, empieza a aumentar en primavera y alcanza toda su plenitud en verano. También es importante conocer las horas del día de máxima potencia. Ya hemos apuntado antes que los rayos UVB son más extremados entre las 11,30 y las 3, y su intensidad disminuye hasta el crepúsculo, aumentando del amanecer al mediodía. Durante esas horas predominan los rayos UVA.
Algunas superficies multiplican el efecto solar. La arena produce un efecto de reflexión de 20% y el de la nieve está entre 70 y el 90%. Sobre el agua varía según el ángulo con que incidan los rayos solares, el mayor efecto de reflexión se da a mediodía. Según se va ascendiendo sobre el nivel del mar, la atmósfera se hace más pura y limpia, por cada 300 metros de altitud se produce un aumento de radiación del 5%.
Tampoco hay que olvidar el factor de la latitud, el rayo solar es más intenso en las zonas que están más cercanas al trópico y va disminuyendo conforme se aleja de él.
Oficios y Beneficios del Sol en la piel
El sol genera una serie de acciones benéficas en el organismo que lo hacen un aliado de la salud.
Por su acción, la vitamina D se transforma en una serie de componentes que dan lugar a una proteína que transporta el calcio hasta la estructura ósea. Estimula el metabolismo de proteínas, favorece la expulsión de ácido úrico y aumenta la tolerancia de los azúcares. Multiplica la producción de glóbulos rojos estimulando a la sangre a transportar oxígeno. Aumenta la producción de anticuerpos, lo que favorece las defensas frente a virus y bacterias.
Por otro lado tenemos la cara oculta de sus efectos, en este caso negativos.
Cuando la exposición al sol es excesiva aparece la eritema. La radiación afecta a los vasos sanguíneos de la dermis y provoca la liberación de sustancias histamínicas por parte de las células dérmicas. El eritema puede aparecer de forma inmediata o retardada hasta las 24 horas de la exposición.
El siguiente paso es la aparición de arrugas, el número y al profundidad depende del tipo de piel.
A medida que pasan los días y la radiación es más elevada, se destruyen las fibras que forman la elastina y el colágeno, que cada vez son más difíciles de regenerar con la edad, produciéndose el consiguiente envejecimiento prematuro. Además, las fibras que van sustituyendo a las que van siendo destruidas no poseen la misma calidad debido a la incidencia que han tenido los rayos sobre el ADN (ácido desoxirribonucleico), que es una molécula portadora de los genes. Finalmente y tras sucesivas e inconscientes exposiciones al sol, se pueden producir mutaciones importantes en las células que pueden degenerar en un cáncer en la piel.
Lo importante es encontrar el equilibrio, procurar que el sol nos aporte sus beneficios evitando todos los males, porque, al fin y al cabo, lo que nos gusta a todos es estar bronceados.
Diferentes tipos de piel y pigmentos
Además de saber qué rayos son benéficos y cuáles perjudiciales, hay que tener en cuenta que no todas las pieles son iguales y que el sol incide de una manera diferente sobre cada una según su grado de pigmentación.
Hay cuatro tipos de pieles, que reaccionan a su manera según su grado de sensibilidad: la pelirroja, la blanca, la de tono intermedio y la morena.
Las dos primeras pertenecen a mujeres de cutis pálido, extremadamente sensible y delicado, que casi siempre se quema y apenas se broncea. Lo ideal para ellas es usar un bronceador con un factor de protección 15. Estas pieles no sintetizan suficiente melanina, por lo que no deben arriesgarse al sol sin este tipo de protección. Tampoco deben insistir, ya que por mucho que se expongan no pasarán de un todo dorado, que por otro lado les resulta muy favorecedor porque un cambio de color en su piel se nota enseguida.
El tono de pigmentación intermedia se da en mujeres castañas con una piel que se quema más a menudo de lo que ellas mismas creen pero que acaba bronceándose, aunque de una manera discreta. Para ellas, el tipo de protección ideal es un 6 o un 8.
Por último tenemos a las morenas de piel oscura. Rara vez se queman, y se broncean enseguida, consiguiendo un tono cobrizo. Para ellas la protección idónea es un 2 o un 4, ya que cualquier tipo de piel, al exponerse al sol necesita protección.
Ya estamos seguras de que si nos has leído hasta aquí, a estas alturas ya te habrás hecho una idea de la situación y no vas a andar por ahí alegremente y con despreocupación. Te suponemos bien provista de cremas, sombreros y sombrillas y con una información real de lo que eres, a lo que puedes llegar y cómo puedes conseguirlo.
Dispuesta pues a broncearte y no a “achicharrarte”, recuerda que debes empezar de una manera progresiva, sin querer ganar tiempo al tiempo, que, a la larga, será perderlo.
Antes de las Vacaciones
Unos quince días antes de exponerte al sol conviene preparar la piel. Lo aconsejable es una profunda limpieza de cutis y otra corporal para eliminar todas las impurezas e imperfecciones que podrían alterar el bronceado. Lo mejor es acudir a un buen Instituto de Belleza para hacer el “peeling” que iguale la epidermis y asegurar así un bronceado regular.
También hay que tener en cuenta que nuestra piel va a estar sometida a un proceso de deshidratación. Para compensar este efecto lo mejor es someterse a un tratamiento en el Instituto o echar mano de productos cosméticos de acción hidratante profunda y continuar con ellos durante los días que duren las vacaciones.
En caso de tener piel mixta, además del tratamiento hidratante, es aconsejable combinarlo con otro especial para pieles mixtas que iguale el manto ácido de la epidermis.
Si quieres llegar a la playa con un tono bronceado, sométete a unas sesiones de rayos UVA. Ten en cuenta que estos rayos broncean y protegen la piel solo de las radiaciones UVA, no de las UVB. Al llegar a la primera exposición solar tendrás un moreno que no protegerá la piel de los otros rayos nocivos, por tanto, es vital la presencia de un bronceador con protección adecuada al tipo de pigmentación que tengas.
Los bronceadores
Los laboratorios cosmetológicos pasan todo el año Investigando para que tú, en solo pocos días, no lo eches todo a perder. Antes de comprarte un bronceador asesórate y piensa en tu piel.
Mientras nosotras, tiradas en la playa y expuestas al sol, buscamos un mejor aprovechamiento de sus rayos y realzar lo mejor de nuestros atractivos, toda una serie de científicos y cosmetólogos siguen investigando para que de este gesto aparentemente banal de “tumbarse al sol” obtengas los máximos beneficios y las mínimas consecuencias.
Todas las casa cosméticas tienen una línea solar y todas las investigaciones van destinadas a un mejor aprovechamiento del sol y a minimizar sus daños, esto es, impedir la deshidratación, prevenir las pérdidas de colágeno y elastina y favorecer la renovación celular. En pocas palabras: evitar el envejecimiento prematuro.
Lo más aconsejable es que el bronceador que utilices sea de una marca reconocida y probada calidad, lo que constituirá una garantía para tu piel. Además hay que tener en cuenta una serie de factores a la hora de adquirir un bronceador.
No todos los factores de protección que se especifican en los envases son ciertos, llegando algunos incluso a la mitad. Esto puede ser un riesgo para nuestra piel, que queda expuesta a las quemaduras solares.
Asegúrate antes de comprar un producto que contenga compuestos naturales como zanahoria o la manteca de karite… Es cierto que estos productos ofrecen una capacidad de filtración elevada, pero tendrían que usarse en su estado más puro para conseguir los efectos deseados. Estos ingredientes naturales vienen mezclados con otras sustancias que desvirtúan las propiedades originales del producto con la consiguiente pérdida de efectividad. Por lo demás, si estos compuestos vinieran en su estado natural, resultarían totalmente inasequibles.
Los únicos productos capaces de filtrar son los que vienen avalados por marcas de primera calidad respaldadas por laboratorios cosmetológicos que han efectuado pruebas de filtración y fijación, ofreciendo unas garantías y unos FPS reales y adecuados a cada tipo de pigmentación.
La posición normal en la que tomamos el sol es tumbadas boca arriba. Estas partes del cuerpo son las que van a permanecer más tiempo expuestas, por lo que tendremos una mayor precaución utilizando un FPS más alto.
Lo ideal es tomar el sol de manera que el cuerpo quede uniformemente expuesto, (para que el bronceado sea uniforme), por ejemplo, si estamos “tumbadas boca arriba”, debemos cambiar convenientemente de posición para que el bronceado sea parejo, se entiende.
Factores de protección solar
El factor de protección solar, también llamado índice, es un número que indica el tiempo que una piel puede estar expuesta a la radiación sin provocar un eritema. Por ejemplo, si una piel sin proteger se quema al cabo de 15 minutos, utilizando un FPS 4 podrá estar 4 veces más expuesta al sol si riesgo de sufrir un eritema sino al cabo de una hora (FPS 4 x 15 = 60).
Por eso, cuanto más alto sea el FPS más película se forma entre la epidermis y la radiación solar y en consecuencia se quema menos, sin llegar a producir un eritema y consiguiendo un bronceado paulatino.
Los factores de protección van desde el 2 hasta el 19 o 20, dependiendo de las marcas. Lo que sí está claro es que los de un FPS alto, los llamados de pantalla, forman una protección total en la piel e impiden que el sol llegue a penetrar y por tanto a dañar…Son recomendados para personas de pieles pelirrojas y blancas y que se queman enseguida, a las primeras exposiciones. Después, este factor puede irse bajando, conforme la piel vaya adquiriendo un mayor bronceado y, por tanto, mejor protección. También son imprescindibles para los bebés, niños de piel clara, personas con manchas en la piel o para aquellos que quieran tapar alguna zona por peligro de quemadura.
EL FPS mínimo es el 2 y es el más indicado para usar en pieles morenas, que, aunque parezcan no necesitar protección, la necesitan como cualquier otra piel para que los rayos UV, al penetrar en la epidermis, no provoquen un envejecimiento prematuro.
Bronceadores sin Sol y aceleradores
Son cremas que broncean artificialmente y producen una coloración motivada por una reacción superficial de la queratina cutánea que nada tiene que ver con la melanogénesis, que es la reacción bioquímica y enzimática producida por el sol.
Los bronceadores sin sol son ideales para las épocas en las que empieza el buen tiempo y aún no hemos podido ir a tomar el sol, y lucimos una piel blanca y pálida que contrasta con el ambiente en el que quien más quien menos está bronceado. No estropean el cutis porque contienen productos que favorecen la hidratación. El bronceado producido por estas cremas es totalmente artificial y no protege para nada las radiaciones solares a las que vamos a exponer nuestra piel.
Los aceleradores de bronceado actúan estimulando la melanogénesis . Contienen una molécula de origen vegetal que activa la producción de pigmentos y acelera la producción de melanina. Los efectos no son inmediatos, sino que se notan al cabo de unos días, por lo que es recomendable aplicarlos antes de pasar unas horas al sol. Tienen una contraindicación: si la exposición al sol es demasiado intensa, se puede producir una destrucción de las células de la capa basal y una liberación de los pigmentos, que, traducido en palabras más asequibles, quiere decir que pueden aparecer manchas.
Un bronceado artificial, para que resulte estético, tiene que llevarse a cabo de manera concienzuda. Hay que ponerse el producto en la mañana antes de salir de casa, teniendo la precaución de lavarse las manos inmediatamente después para que no queden teñidas de amarillo. Cuando lleguemos a la playa o a la piscina, una aplicación de protector solar del factor adecuado a nuestra piel, conseguirá adecuar el bronceador a tu cuerpo, evitará que te quemes y te proporcionará una protección real y duradera.
Pastillas que broncean
Existen en el mercado pastillas que dan a la piel una coloración artificial y cuyos dos componentes principales son los psoralenos y los carótenos. Los primeros actúan estimulando la producción de melanina y hacen que al tomar el sol se consiga un bronceado más rápido. Los carótenos dan a la piel una falsa pigmentación de un color marrón bastante impreciso.
Estos productos no son nada recomendables porque pueden causar trastornos en el organismo, y, además, si después de ingerirlos no se toma el sol, producen una coloración que resulta muy poco natural, el color de la piel puede volverse de un tono naranja bastante desagradable e incluso teñir las palmas de las manos, permaneciendo su efecto durante bastante tiempo después de haberlas tomado.
Clases de bronceadores
El campo donde escoger es amplio. Todas las marcas presentan diferentes texturas en su línea de bronceadores.
Las más comunes son las cremas. Tienen una untuosidad y un espesor ideales para la delicada piel del rostro, cuello y escote. Se presentan casi siempre en embaces que cierran herméticamente y en tubos. Si lo compras en “tarro”, debes tener la precaución de aplicártelo con una espátula, ya que se puede contaminar al contacto con las manos, que, a la hora de ponerlo generalmente están sucias, ya sea por el agua del mar, la arena o cualquier otro motivo.
Los bronceadores en leche son los más apropiados para la aplicación corporal. Su textura es suave y menos espesa que la de la crema. Vienen generalmente en envases de plástico y para aplicarlos no hay necesidad de tocarlos con las manos, basta con volcar el frasco y extenderlo por la zona.
Los aceites tienen el inconveniente de que son excesivamente grasosos y sus restos quedan sobre la piel sin llegar a absorberse del todo. Se recomiendan también para uso corporal pero con un factor de protección adecuado, porque corremos el peligro de “freirnos” en lugar de broncearnos…Además, las gotas de aceite hacen de “lupa” y pueden producir eritema.
¿Cómo usar los bronceadores..?
Te suponemos inteligente y a estas alturas ya tendrás, o al menos considerarás la posibilidad de tener, toda una serie de productos bronceadores adecuados a tu tipo de piel, empezando con un factor de protección alto, un 15 si eres blanca o un 8 si eres más morena, que irás disminuyendo paulatinamente a medida que avancen los días y tu piel esté más bronceada y por tanto más protegida. Anteriormente aconsejamos un “peeling” corporal y una limpieza de cutis para igualar todo el bronceado y evitar manchas.
Cuando llegues a la playa o al borde de la piscina deberás hacerlo sin ninguna clase de maquillaje, con la piel perfectamente limpia y con la crema de día que uses habitualmente. También olvídate de usar colonias y perfumes, ya que pueden producirse manchas que afearían bastante este maravilloso bronceado que estás presta a conseguir.
El primer día de sol debes hacerte a la idea de permanecer poco rato. En condiciones normales una piel sin protección aguanta de 10 a 20 minutos, según su grado de pigmentación. Debes multiplicar este tiempo por tu FPS y el resultado será el tiempo límite que puedas permanecer al sol…En días sucesivos irás aumentando este tiempo paulatinamente hasta que puedas permanecer todas las horas que quieras. Entonces baja el FPS y continúa con las mismas precauciones…Cada vez que te bañes es altamente recomendable que al volver a la toalla te vuelvas a untar porque dentro del agua es posible que haya quedado parte del bronceador, y con él, su eficacia.
Al volver a casa, o mejor aún! En la misma playa o piscina, deberías darte una ducha para dejar tu piel libre de impurezas, y a continuación aplicarte una buena crema corporal, que puede ser una hidratante o una balsámica tipo “after-sun”. Con ello conseguirás calmar la piel de posibles irritaciones, y como habrás tomado tus medidas, no tendrás ninguna clase de quemadura y no será necesario ponerte nada más.
Para la cara es necesaria una ayuda extra, una crema reparadora de día que ayude a paliar la agresión solar, que, aunque leve y correcta, no deja de ser agresión.
A la hora de hablar de bronceadores y productos no podemos dejar de darte un último consejo. No existe un cosmético mejor ni más rentable para nuestra piel que un bronceador de filtro solar. Por tanto, no repares en gastos a la hora de comprar uno o varios y de asesorarte bien sobre cuál es el más adecuado para ti. Consulta con una profesional que conozca bien tu piel y te merezca confianza. Lo hemos repetido muchas veces, los gastos en productos cosméticos son inversiones a largo plazo.
Tomado de “Belleza y Moda”
Te gusto el Post? compartelo con tus amigos, familiares y conocidos, recuerda que tus comentarios son importantes para nosotros.
Tienes toda la razon en tu Blog, mucha gente no sabe de las variantes del Colageno, si desean conocerlas les recomiendo una pagina web http://www.tomacolageno.com, para que consideres si realmente el colageno te funcionara. saludos!