Hay que recordar que “lo cortés no quita Lo valiente”!..Las funciones cotidianas de la vida en común pueden compartirse y “disfrutarse”, igualmente. El que ella maneje la economía, no le resta “machismo” a nadie.
Afirma el terapeuta de pareja del Instituto de la Familia Flavio Sifuentes Martínez:
“En la construcción de un matrimonio, tarde o temprano tenemos que establecer quién es el indicado para tomar decisiones en algunas áreas de la vida conyugal y quién en otras. Sin embargo, existen muchos hombres y mujeres que, por la posición que ocupan en la relación, su género o sus creencias familiares, se consideran los más adecuados para llevar las riendas en todos o casi todos los aspectos de la vida en pareja”.
Si las tareas indicadas para cada uno son muy severas o recargadas de responsabilidad, y habilita a uno de los cónyuges para ejercer más poder y dominio sobre del otro, la relación se convierte en una contienda que afecta la calidad de la relación, y en casos extremos puede provocar una ruptura conflictiva.
Prepárate para la contienda
No es fácil confrontar el tema de las relaciones de poder, especialmente cuando hay algo que nos está incomodando, los terapeutas sugieren que:
Herencias familiares..?
Los cambios de poder entre la pareja son tan variables como la convivencia misma. Algunas situaciones de mínima importancia, como quién se llevará el automóvil al trabajo, si irán de “shopping” o al cine en viernes por la noche, o si les conviene adquirir una nueva tarjeta de crédito, de las que dan “puntos”!.. no causan mayor conflicto respecto a Quién toma la decisión, que suele alternarse y es aceptada por ambos sin problema alguno.
No obstante, existen otros “puntos” de mayor importancia para la pareja, donde es probable que uno de los dos considere que tiene mayor poder y, por ende, el derecho de decidir por ambos: el dinero, la intimidad sexual y los roles matrimoniales son ejemplos comunes.
Más allá de ideas preconcebidas se encuentra un factor de gran trascendencia a partir del cual se construye el concepto de poder y mando en el nuevo matrimonio: la experiencia familiar previa que tanto el hombre como la mujer proyectan en su vida conyugal.
El también psiquiatra menciona que el modelo primario de la familia es el eje que va a dar la pauta para aceptar o negar la posibilidad de que uno u otro asuman el poder en la nueva familia, o bien para que éste sea compartido por ambos.
Si el modelo familiar de ella y él coinciden, la pareja se irá acoplando; si difiere, es probable que los problemas aparezcan y se desate una lucha de poder.
Poderoso Caballero
Considerado como un elemento de suma importancia para el mantenimiento de la familia y la obtención de satisfacciones, el dinero ha servido también como una herramienta de sometimiento para quien lo posee o genera.
Como instrumento de control, el dinero influye sensiblemente en la relación de pareja más allá de lo estrictamente financiero, sea en hogares donde el hombre ejerce el papel de proveedor y la mujer d dependiente económico, o donde un de los dos obtiene más ingresos que el otro, -refiere Sifuentes-. Es decir, quien proporciona el dinero suele reclamar para sí el derecho de controlar mucho ámbitos de la vida conyugal, mientras que el otro tiene que someterse a las decisiones de el proveedor, lo cual crea una sensación de vulnerabilidad e indefensión dentro de la pareja.
Quien no aporta dinero puede llegar a sentirse subyugado a las disposiciones que su pareja tome con respecto al manejo económico, concuerde con ellas o no. Por ejemplo, a Ella le entristece mucho que Él no haya querido renovar los muebles de la casa y en cambio adquiriera un automóvil nuevo. Esta impresión de no ser considerada en las decisiones financieras y de no poder expresar abiertamente su inconformidad ante las “injusticias” que comete quien sustenta el poder económico, provocará conflictos, insatisfacción y resentimientos hacia su compañero.
Para evitar que el dinero sea la manzana de la discordia en la relación, el terapeuta de pareja señala que los dos tienen que decidir sobre los gastos de manera justa y equitativa, con la intención de que ninguno se sienta afectado ni vulnerado.
Además, agrega que el que menos gana o devenga dinero, no tiene por que ser manipulado, humillado o relegado a las decisiones económicas: tiene el deber y el derecho de participar en la administración del dinero y junto con su pareja determinar qué necesidades se van a cubrir. En ese sentido, n hay que perder de vista que el trabajo realizado en casa también tiene un significado económico real y concreto para la economía de la pareja. Administrar la casa, hacer labores domésticas o supervisar que éstas se hagan, realizar las compras, cultivar las relaciones sociales de la pareja y cuidar y educar a los hijos son actividades que habría que pagar si no las realizara el ama (o amo) de casa, y su participación le da derecho a compartir el poder de decisión sobre los desembolsos e inversiones en que incurre la familia.
Dominio en la intimidad
Ella planeó su tercer aniversario de bodas con “un vestido de gala, una romántica cena y una noche de pasión. Sin embargo, ese día Él llegó muy cansado del trabajo. De todos modos cenó y recibió con gusto el obsequio que su mujer le hizo. Pero por más coqueta y seductora que Ella se mostró, la noche de pasión nunca llegó. Como Él no se sentía con ánimos, se fue a dormir y decidió que la celebración concluyera, generando un sentimiento de frustración y desilusión.
La sexualidad es otro aspecto donde la lucha de poder se pone de manifiesto, -afirma Sifuentes-, pues por lo general el hombre se cree con derecho a ser quien guíe la vida íntima de la pareja.
Aunque actualmente las mujeres son más liberales y abiertas, con frecuencia los roles sexuales tradicionales siguen vigentes: el varón es activo y conquistador y la mujer se limita a ser receptiva. De esta manera, en la cama también se establecen juegos de poder que suelen traducirse en insatisfacción, represión y sujeción de uno hacia otro, reconoce el psicoterapeuta.
Cuando la mujer no tiene satisfacción sexual, no se siente comprendida en la intimidad, o se siente obligada a procrear un nuevo ser en un momento en que no lo desea, puede desarrollar agresividad o resentimiento hacia su pareja. Éstos llegan a rebasar la alcoba para manifestarse en otros aspectos de su convivencia.
Como matrimonio, ambos deben estar conscientes de que es muy importante que los dos se sientan plenos en su vida sexual y que entiendan que los problemas –especialmente en ese ámbito- no se pueden resolver sin hablarlos.
Roles compartidos
La división de roles ente hombre y mujer está cambiando. Dichos roles son cada vez menos rígidos y son más las parejas en que ambos trabajan y comparten las tareas domésticas –declara Sifuentes.
En este nuevo contexto de estructura familiar, la mujer ya no está tan dispuesta a aceptar las reglas establecidas por el hombre. “Ello provoca fuertes conflictos en el momento de de tomar las decisiones de pareja, pues ahora el varón tiene que relacionarse con una mujer que no será sumisa, sino que también establecerá sus condiciones dentro de la relación”.
El peligro cuando no hay flexibilidad y comunicación en la pareja es que tarde o temprano comience a surgir cierta competencia dentro del matrimonio, que lleve incluso a un sentimiento de rivalidad que puede convertir cualquier desacuerdo en una guerra encarnizada.
Decisiones compartidas
Para evitar conflictos relacionados con el poder en una relación de pareja, lo mejor es compartirlo de común acuerdo, asumiendo cada uno ciertas responsabilidades y dejando ser al otro, así como negociando y renegociando a lo largo de la relación, precisa el especialista.
Por ejemplo, “el hombre o la mujer pueden tener autoridad en algunas áreas comunes; en otras, las determinaciones se tomarán en conjunto, y existirán aspectos en los cuales cada uno decidirá por cuenta propia. Cuando esto se logra, la frecuencia e intensidad de los conflictos disminuyen de manera notable”.
La fórmula para abrir la brecha entre el poder absoluto y las decisiones compartidas consta de los siguientes elementos:
Por último, es importante subrayar que cada cónyuge tiene sus propias necesidades, así que para llegar a un acuerdo es indispensable aceptar que el otro tiene un punto de vista distinto del nuestro y lograr la coincidencia para el bien del matrimonio.
Te gusto el Post? compartelo con tus amigos, familiares y conocidos, recuerda que tus comentarios son importantes para nosotros.