El Niño y su Mundo Los deportes de la infancia

10/03/2017 Familia  No Comentarios

El deporte desarrolla los músculos.  ¿Y cómo reacciona la mente? ¿El espíritu competitivo vuelve al niño más persistente, o es sólo un foco que concentra su agresividad natural?

Copiado de la Enciclopedia de La Vida

En los últimos 150 años se produjo una verdadera revolución social en el deporte: se popularizó tanto en todo el mundo, que pasó a ser algo así como un lenguaje internacional. Como parte de la educación universal, el deporte fue introducido en los países en desarrollo industrial, acrecentando el currículum escolar, y, por lo tanto, ayudando a la formación de trabajadores sanos. A partir de ahí, el mundo contemporáneo no actúa como mero espectador frente a una competencia deportiva: participa en el juego. Se calcula que 88 millones de personas asistieron al partido final del Campeonato Mundial de Fútbol en 1970.  y es muy posible que ese mismo número de personas ya haya jugado fútbol en alguna etapa de su vida.

La educación física en las escuelas ya constituye una materia. Los colegios británicos organizan tradicionalmente equipos para la práctica de juegos violentos, buscando con eso reafirmar el carácter necesario para el liderazgo. A su vez, las escuelas norteamericanas realizan juegos de equipos para desarrollar actitudes democráticas, que son las consideradas deseables, en contraste con lo que había hecho Hitler, por ejemplo, en la época nazista. El dictador se había captado el extraordinario movimiento deportivo de Alemania e instituyó los programas “Fuerza a través de la Alegría”, para incentivar la fraternidad aria.

A pesar de todo, aún sigue planteado el interrogante respecto a la función del deporte: ¿la actividad física es fundamental para el desarrollo social del niño? Ante una respuesta afirmativa, ¿cuáles serían, entonces, las actividades que promueven determinadas virtudes? Puede el factor competencia ser compatible, en la mayoría de los juegos, con los ideales democráticos? ¿Qué consecuencia tendrá en un niño la concepción adulta de el deporte, que aparentemente exige de los aficionados una superación constante?

El juego es una cosa seria

El ser humano ejecuta necesariamente actividades físicas básicas, pero es también un ser social y recibe influencias del medio en que vive. Así como adquiere el lenguaje y aún los hábitos físicos mediante la imitación, a través del juego desarrolla su relación social.

Cuando los niños imitan al cowboy o al indio, se acostumbra decir que están jugando. Lo mismo se dice cuando se entretienen pintando o armando casas con cubos de cartón. Es muy común ver a los pequeños “jugando al policía de tránsito” y a las nenas “jugando a la mamá con la muñeca”. Los adultos se expresan de esa manera porque la mayoría no alcanzan a considerar el juego como una actividad tan importante como el trabajo real. Pero, para el niño, el juego es una actividad importante. Y constituye la parte seria de su desarrollo.

Desde muy temprano, el niño aprende a distinguir u juego de lo que no lo es. Pero, si llega a adquirir esta noción, es porque eso se le ha enseñado. Ningún padre, por ejemplo, aceptará como un “juego” la actitud e hijo que toquetea al hermano menor con la punta de un cuchillo. A través del juego se enseña al niño a distinguir las cosas serias. Por lo general, la madre dice: “no te enojes es un juego”, o, “ahora no estoy bromeando, guarda los juguetes”- para que estas palabras no tengan efecto negativo en los niños, es necesario que todos consideren a los juegos seriamente como juegos. En un entretenimiento, por ejemplo, no se desea una actitud irresponsable hacia las normas, modificándolas pata obtener ventajas o “trampeando”. Son hábitos que el niño puede asimilar cuando juega con sus compañeros. A través de los juegos organizados, él puede desarrollar la concentración, persistencia, paciencia y espíritu deportivo, que son más difíciles de adquirir en otras actividades. Esto resulta aún más importante si el niño fuese deportista “nato”, porque es esencial para su desarrollo social, y aún para su salud mental, que su inclinación sea tomada muy en serio y que se afirme totalmente a través de la practica continuada y seria. ¿Cuántos deportistas no desperdician su talento por pereza o por falta de persistencia?

Si el contexto social en que vive considera al deporte importante, el niño aprende a considerarlo con seriedad.

Las actividades deportivas son un medio de comunicar a los niños los criterios de seriedad e insignificancia de las cosas. Partiendo de ese punto de vista, las escuelas actuales del mundo occidental ven en la educación física no sólo la “educación del físico”, sino también la educación a través de la educación de la actividad física. Aún se considera válida la antigua máxima del hombre ideal: “Mente sana en cuerpo sano”.

Si el desarrollo social y la actividad física están íntimamente ligados, los padres y profesores deben elegir actividades conforme a la aptitud del niño en las distintas fases de su desarrollo. Los juegos actúan como medios importantes en la socialización infantil, porque la mayor parte de los niños los adoran y se divierten con ellos. Así, por ejemplo, entre los seis y ocho años comienza a manifestarse en los niños un tipo de juego –generalmente duro y audaz-, que se distingue de los practicados por la niñas, más  calmo y tranquilos. Esto es, evidentemente, el resultado del medio ambiente. Un factor muy importante en esta diferenciación de intereses en los juegos es la identificación del pequeño como el padre, y de la niña con la madre. Es una sutil presión social, que conduce desde temprano al niño a vivir el papel que la sociedad le reservó de acuerdo a su propio sexo.

El físico se opone al intelecto

Muchas de las actividades físicas en la prepubertad son compartidas  por los varones y las niñas. Pero, además de la identificación con los adultos, algunas modificaciones físicas de la adolescencia vuelven más difícil, aunque no imposible la participación de las chicas en determinados juegos. Recientemente se efectuó un estudio comparativo, a nivel internacional, entre el desempeño del hombre y de la mujer en pruebas atléticas y de campo. Se verificó que la mujer alcanza una mejor “performance” en atletismo que en los juegos de campo. Esto vendría a respaldar la hipótesis de que la estructura física de la mujer la excluye de desempeños excepcionales en este tipo de pruebas, empero, es imposible evaluar hasta qué punto se debe esto a una deficiencia  en el entrenamiento o a las expectativas en torno del papel de la mujer en la sociedad, lo que también constituye una cuestión nueva y controvertida entre los sociólogos.

La educación física siempre fue un factor importante en el modo de vida norteamericano. Aún así, después de la guerra de Corea, fue lanzada una campaña destinada a mejorar la aptitud física general de la nación. Uno de los motivos de ese movimiento fue la publicación del informe de Krauss, Weber y Prudden, en 1956, que señalaba que los jóvenes norteamericanos estaban mal preparados. Observaba que, por más bien cuidado y alimentados que estuviesen, los niños norteamericanos no practicaban ejercicios suficientes para un mínimo de preparación física. A raiz de ello, en el año 1958, se organizó la Operación Preparación Física (Operation Fitness – USA), apoyada por Richard Nixon, en esa época vicepresidente. En 1957, empero, la noticia del Sputnik vino a disminuir por algún tiempo el énfasis dado a la educación física. James Conant y otros educadores pusieron programas de investigaciones intensas y la concentración de recursos para elevar el nivel de la enseñanza académica en las escuelas de EE.UU.: deseaban posibilitar a la próxima generación las condiciones de superar intelectualmente a la URSS.

El problema de la oposición entre la preparación física y la intelectual engloba dos aspectos: si el adolescente posee una excepcional capacidad física, ¿por qué no recibe las mismas oportunidades para su desarrollo que un niño intelectualmente bien dotado? Por otra parte, si la sociedad espere un desempeño superior del individuo o del equipo en el mundo deportivo, ¿cómo puede suponer que los jóvenes conserven la pureza de propósitos, sí, a pesar de los ideales olímpicos, está rodeados de inescrupulosos y corruptos, cuyo único fin es la victoria?

El trasfondo de ese doble problema es la cuestión de la competencia: el igualitario no la aprueba, el demócrata la tolera. Quizá ambos prefieran un final en el que “todos salgan ganando y todos sean premiados?. Considerando cierta la teoría de determinados psicólogos, para quienes la agresividad es natural y la cooperación es adquirida, muchos profesores ven en la competencia la agresividad sociabilizada y en las actividades físicas el instrumento para canalizar esa agresividad natural en un comportamiento socialmente aceptable. El profesor conoce las ventajas de incentivar la competencia: ella hace que el individuo procure superarse, lo que  muchas veces le concede la victoria en el juego. Pero la competencia puede también provocar odio y espíritu de venganza, un egoísmo sin paralelo. Y, en ciertos casos,  puede hasta causar un agotamiento mental. El profesor de educación física, más que cualquier otro, es responsable del desarrollo del espíritu crítico del niño. Aquél debe esperar a que éste se comporte con seriedad en un juego, pero no en detrimento de su sistema nervioso o de su propio respeto. Por otro lado, él no debe estimular un tipo de moralidad extremada, valorizando al deporte y sus glorias por encima de todas las actividades humanas. El hombre puede ser un competidor rudo, demostrando habilidad técnica y perfecto control personal, y, sin embargo, mostrarse humilde en la victoria y generoso para con el vencido. Por último, los deportistas más admirados son aquellos que unen también a su devoción hacia los deportes el interés por otras actividades.

El físico auxilia la Psiquis

Una sociedad que recompense el desempeño superior de sus integrantes en las distintas actividades humanas tiene más probabilidades de producir hombres y mujeres equilibrados. Pero la devoción exagerada hacia alguna de esas actividades, como el deporte, por ejemplo, puede ocasionar la pérdida de una perspectiva global de vida, volviéndose un elemento social destructor. Entonces todo es válido en busca de la victoria, y las ansias de éxito deterioran la base de las actividades deportivas: la distracción sana. Cuando, empero, los objetivos no son distorsionados, el espectador disfruta de una posición privilegiada: puede apreciar la belleza de los movimientos y al mismo tiempo participar en el juego.

A través de la educación física, el niño aprende a conocer y a utilizar su cuerpo. Y el deporte auxilia su desarrollo social, porque lo integra física y emocionalmente en manifestaciones saludables donde todos se unen por un objetivo común.

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